Como ya os expliqué en la primera parte,
mi Practicum I en el Jardín Botánico de Valencia fue la experiencia más
significativa que he tenido con el mundo de la educación socioambiental. Pero
esta vez me gustaría hacer una explicación un poco más concreta de la labor que
realicé allí. Empezamos.
Por norma general, conociendo
previamente cual era el “planning” del día, es decir, qué grupos iban a venir
de visita al Jardín y de qué tipo de grupo se trataba, lo primero que hacíamos
era repartirnos los grupos. Los más frecuentes eran grupos escolares, sobretodo
de infantil y primaria, y aunque lo ideal es que “tocáramos” un poco de todo,
podemos decir que solían predominar las preferencias de cada uno. Por mi
experiencia en el comedor escolar donde trabajo, se me daba bien trabajar con
niños de educación infantil, aunque poco a poco, conforme más soltura conseguía
en el Jardín, prefería coger grupos de primaria, ya que con ellos la explicación
sobre las plantas y las actividades podía ser más extensa.
La visita solía estar establecida en 2
horas, que se dividía en 1 hora de guía por el Jardín, y 1 hora de actividad.
En función del número de grupos y la disponibilidad de las aulas donde se
impartían las actividades, debíamos alternar los grupos entre hacer primero la
visita y luego la actividad y viceversa, pero si las condiciones daban la
posibilidad de elegir siempre era mejor hacer primero la visita y luego el
taller. Vamos a explicar cada uno de ellos.
Para la visita por el Jardín, los
monitores teníamos total libertad de movimientos, motivo por el cual era muy
importante conocerse bien el Jardín, ya que, pese a la libertad de elegir, había
una serie de zonas de obligado paso, por lo que no estaba de más tener un
itinerario previsto, con la posibilidad de improvisar sobre la marcha. En mi
caso, casi siempre me gustaba empezar por el pasillo por la izquierda, ya que
justo al inicio hay un roble bicentenario, que suele venir muy bien a la hora
de hacer una pequeña introducción del Jardín. La explicación siempre solía ser
la misma, aunque dependiendo del grupo de edades que venía de visita, ésta se
debía adaptar. Normalmente con los niños la explicación venía dada buscando una
serie de respuestas por su parte, guiadas por nuestras preguntas. Para empezar,
además de darles la bienvenida al Jardín, se les preguntaba si lo conocían, si
habían estado antes, y qué conocían de él. Se les explicaba que antiguamente el
Jardín era mucho más pequeño y que servía a los estudiantes de medicina para
investigar las propiedades curativas de las plantas. Luego, si el grupo de niños
era de mayor edad, se les explicaba las “fichas de las plantas”, la tarjeta que
hay al lado de cada una donde se puede leer el nombre de la planta, la familia
a la que pertenece, el descubridor de la planta, la región a la que pertenece,
así como un número de identificación que tiene cada una. Después de ello, se
les enseñaba el roble y se proseguía la visita por el lateral izquierdo del
jardín, donde cabe destacar, sobretodo, uno de mis árboles favoritos, el
Gingko, además del Tilo y un Nogal centenario. Una vez llegados a mitad del
pasillo nos desviamos hacia el centro, llegando a una pequeña replaza donde están
los invernaderos. Pero antes de entrar a ninguno de ellos, justo haciendo
esquina en la replaza, nos fijamos en las impresionantes cañas de bambú, de un
color verde oscuro muy intenso. En la replaza hay cuatro pequeños invernaderos:
el de las plantas carnívoras, el de los helechos, el de las orquídeas, y el de
las plantas de sombraje. De los cuatro, normalmente solo solíamos entrar al de
carnívoras, porque es el que más llama la atención a los niños. Se les explica
que tienen que tener mucho cuidado con las plantas, no porque corran ellos
peligro, sino porque se trata de unas plantas muy delicadas, que requieren de
unas condiciones muy peculiares (hay calefacción en el invernadero) y que si se
tocan pueden reaccionar como si de un mosquito se tratara y cerrarse, pero hacer
ese esfuerzo para la planta sin tener alimento supondría un gasto de energía
innecesario y muy perjudicial para la planta. Después de las carnívoras visitaríamos
el invernadero grande o “la selva” donde había una gran cantidad de plantas de
procedencia tropical, en el que además de haber sombra había calefacción y
mucha humedad para recrear el clima típico de procedencia. Al salir de él,
visitaríamos el “sombráculo”, un invernadero semi-descubierto, formado por una
estructura metálica que deja pasar el aire pero que filtra la luz, dentro del
cual se pueden observar otros tipos de plantas también de procedencia tropical.
A la salida, nos volvemos a desviar a la izquierda, en esta ocasión para
visitar un rincón muy especial del jardín, la zona de las plantas medicinales y
aromáticas. Se trata de la parte más antigua del Jardín, la parte en la que los
estudiantes de medicina estudiaban las propiedades de ciertas plantas. Destaca
que en el centro de esta zona hay un pozo, simbolizando que antiguamente tenían
que recurrir a él para regar todas las plantas. Al salir, cruzaremos el Jardín
hasta la parte derecha, donde podremos ver la zona “del Oeste” o de las plantas
“suculentas”, una parte que llama mucho la atención a los niños por la cantidad
de cactus que hay. Justo al lado esta la parte de la huerta, donde los niños
pueden identificar la mayoría de frutas y verduras que hay con las que comen
habitualmente. Ya de vuelta, pasaremos por la plaza de los cítricos, por la
zona de las plantas acuáticas, el bosque de bambú negro, y antes de salir
veremos tres árboles muy característicos. Primero la “pata de elefante” una
yuca que se dice que ya estaba en ese lugar antes de que estuviera el Jardín,
por lo que es la planta más antigua. Luego, la Chorisia o “árbol de la lana”,
un árbol centenario que llama mucho la atención sobretodo por tener el tronco y
las ramas cubiertos de pinchos. Finalmente, para finalizar la visita será una
palmera conocida como “árbol tambor” ya que al golpear con la palma su tronco
emite un sonido parecido a un tambor, la mejor manera de acabar la visita.
En cuanto a los talleres o actividades,
aunque la oferta del Jardín es muy variada, casi siempre se acababan haciendo tres,
ya que debido a las características de los usuarios (normalmente niños), eran
las que más se adecuaban a ellos. La más sencilla, que es la que se hacía con
los niños de infantil, era la de “Plantar”. Consistía, en primer lugar, a
explicarles el proceso de una planta desde que se planta la semilla, crece,
forma fruto, y éste a su vez deja semillas que vuelven a convertirse en planta.
Con una explicación adaptada a su lenguaje, y sobretodo ayudándonos de fichas
con dibujos, los niños participan activamente en ella. A continuación, se le
entrega a cada niño una maceta pequeña en la que pondrán un poco de tierra, y
se les entregará una semilla, que introducirán en la tierra. La maceta se la
llevarán a su casa y seguirán ellos el proceso, además de llevarse un recuerdo
de su visita al Jardín. Otra actividad era la de las “Plantas aromáticas”. Se
les explicaba que ciertas plantas tienen propiedades aromáticas, y que ese “aroma”
se almacena en una especie de “burbujas” que hay en las hojas, que al romperse
desprenden su característico olor. Por ese motivo –esto también se explica en
la visita- para oler una planta aromática no hay que acercar la nariz a la
planta directamente, ya que además de no oler puede contener “polvillo” o
insectos, sino que es conveniente tocar y acariciar suavemente la hoja (para
romper las “burbujas” donde se contiene el aroma) y luego olerse los dedos para
apreciar el olor. En el taller, esta actividad se escenifica con una hoja
gigante de cartón que hay, decorada con 3 globos pequeños, que se pincharán
para simular la manera en la que una hoja desprende el olor. A continuación, se
les dará a cada uno un pequeño mortero de madera, en el que se introducirá
plantas aromáticas (generalmente romero), un poco de canela (que actúa como
conservante), se machacarán con una maza para que liberen el olor, y a
continuación se introducirán en unas bolsas de fieltro que tendremos
preparadas. Así podrán llevarse a casa una bolsa aromática de recuerdo.
Finalmente, la otra actividad que realizábamos de manera más habitual
(normalmente con primaria) era la de “Papel reciclado”. Se les explica en
primer lugar un poco el tema del reciclaje, de los diferentes tipos de
contenedores y los residuos que se depositan en cada tipo, haciendo especial
hincapié al azul, que es en el que se deposita el papel y cartón. Luego se les
explica el origen del papel, que fueron los chinos los primeros en hacer papel
utilizando plantas ricas en celulosa. Y luego llega el momento de reciclar
papel, primero rasgando trozos de papel usado y guardándolo en bolsas, y luego
mostrando el resultado de mezclarlo con agua y pasando la licuadora, con una
pasta de papel que tendremos preparada. Esa pasta la pondrán ellos mismo en los
moldes, con rejillas para prensarlas y escurrirlas, y se dejarán descansar un
rato hasta que se lo puedan llevar.
Con esto se podría resumir la labor que
de manera más habitual realizaba diariamente en el Jardín. Para finalizar, me
gustaría compartir unas fotos de una de las visitas del Jardín que realicé,
precisamente una visita muy especial para mí porque se trataba del grupo de
niños con el que trabajaba entonces en el comedor escolar.





